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Carta abierta a Cándida Martínez
[Publicada en El Mundo, 28/feb/03]
Marga Fernández

Secretaria de SADI-Huelva

Estimada Consejera, soy una de esos trescientos vándalos que entraron en Torretriana y que se han quedado atónitos ante su desprecio y falta de sensibilidad  hacia los trabajadores que allí estuvimos, así como de su poderío ante los medios de comunicación. Me pongo a escribir esta carta, que quiere ser aclaratoria, con la confianza de que la prensa la publique íntegramente y pueda dejar al descubierto su falta de verdad, ya sabemos todos que los políticos no miente, todo lo más faltan a la verdad. Señora, usted ha faltado a la verdad y por mucho poder que tenga, por mucho que sus palabras se repitan en radio, diarios o televisión, no son más ciertas por ello.

Tras una larga manifestación por las calles de Sevilla llegamos ante Torretriana 10.000 personas provenientes de todas las provincias andaluzas con un escrito en el que se recogían nuestras reivindicaciones para entregar al Director de Recursos Humanos, C.Gómez Oliver, como tantas veces habíamos hecho. La primera sorpresa es que este señor se niega a recibir a la comisión del segundo sindicato andaluz de la enseñanza, como respuesta comenzamos a cantar nuestras consignas y prendemos fuego a un ataúd de cartón (de nuestra propiedad) mientras algunos huevos se estrellan contra la fachada de la entrada. Supongo que usted llama a esto violencia extrema, yo lo llamo justa indignación ante la falta de dialogo. En este pequeño tumulto sus servicios de seguridad tuvieron un fallo que hizo posible que la puerta se abriera (miles de veces habíamos intentado en ocasiones anteriores introducirnos en ese edificio blindado por todos sus lados) y entrásemos dentro varios centenares de personas. El flujo de entrada cesó cuando los guardias, que acostumbrados a nuestros buenos modos estaban tranquilamente en la esquina del edificio, llegaron a la puerta.

Trescientas personas entramos en Torretriana con la exigencia de que la comisión fuese recibida por Carlos Gómez Oliver. Según usted la Consejería había sido tomada por una banda de desquiciados furiosos que estaban quemando los archivos. Yo estaba allí y no hubo ningún tipo de fuego, no somos unos inconscientes que puedan poner en peligro la vida de los trabajadores ni la suya propia en una especie de holocausto. Los expedientes en ningún momento fueron tocados porque son nuestros expedientes y sabemos lo que una perdida de expediente –que a ustedes les ocurre con demasiada frecuencia- puede significar para nosotros. Pero la gran bola del sensacionalismo comenzó a rodar montaña abajo, mientras trescientos profesores se habían limitado a tirar papel higiénico por el suelo y lanzar algunos huevos contra sus inmaculadas cristaleras.

Este último hecho hizo que nuestros representantes fuesen recibidos tanto por Gómez Oliver como por el Viceconsejero. Es triste que únicamente se dignen a escucharnos ante una postura de fuerza, que no de violencia. Realmente ninguna de las entrevistas fue satisfactoria ya que nuestro escrito pedía que la masiva oferta de plazas (4.500 plazas que nosotros estamos ocupando) fuese retirada y la respuesta de sus subalternos consistió en decir que esta oferta era la maravilla de las maravillas para asegurar nuestra estabilidad. ¿No le parece esto una tomadura de pelo, señora?. Están ofertando nuestros puestos de trabajo a opositores del resto de España, donde nosotros no podemos competir, sacando el doble de plazas que el resto de todas las CCAA juntas. ¿Le parece improcedente que permaneciésemos allí hasta que la Consejera de Educación se pusiese en contacto telefónico con nosotros para establecer una fecha en la que nuestros representantes pudiesen entrevistarse con usted?  Sólo pedíamos eso.

Y la gran bola de falta de verdades corría, las pintadas se convertían en amenazas según los medios a los que usted hablaba, y los papelea arrojados por el suelo en actos de desenfrenada violencia.

Es fácil ocultar la verdad, están ustedes acostumbrados y tienen el poder en sus manos. Durante la larga y fría noche que pasamos allí sin poder dormir, pensaba en usted, señora, y pensaba en si sería capaz de conciliar el sueño, en si su conciencia la dejaría relajarse en su cómoda cama. Intentar desprestigiar a los trabajadores que luchan por sus puestos, por el pan de sus familias, es algo que a mí personalmente me parece un sapo muy duro de tragar aunque la recompensa sea el poder que da su cargo. En aquel momento estaba segura de que aquella noche era peor para usted que para mi.

El amanecer nos trajo nuevas noticias: los vándalos habíamos arrancado los árboles para bloquear las entradas, anunciaba Canal Sur Radio. Con el cuerpo helado al igual que mis compañeros habíamos recogido las ramas de las acacias de su jardín, podadas los días anteriores, y las habíamos colocado en las entradas. Entre los trabajadores de las tres Consejerías y nosotros solo mediaban esas ramas y nuestros cuerpos, los cuerpos cansados de 180 personas que habíamos aguantado hasta el final. Supongo que tras leer la prensa y escuchar la radio aquellas personas nos debían de considerar un gran peligro... ¡qué poderosa es usted!

Se intentó establecer por medio de Canal Sur Radio una conversación, pero usted se negó a participar en ella y solo se retransmitieron sus palabras en las que decía que no representábamos con nuestra actitud al colectivo de docentes, que éramos una vergüenza. Poco después fuimos desalojados por la policía, sin resistencia. Las cámaras habían entrado y filmado “los grandes destrozos” que se repararán con unos cuantos botes de pintura. Salí con la cabeza alta, orgullosa de haber dado a mis alumnos, ante los que usted intentó denigrarme, otra lección más: saber luchar por sus derechos.

Señora, en mi nombre, pido su dimisión y que le explique a la opinión pública el porqué de todo lo que ha sucedido. Cuénteles que durante años hemos sido mano de obra barata que podía ser trasladada de un día para otro a cualquier provincia, cuénteles que sólo Andalucía tiene este problema, porque era más barato tener interinos que sacar las plazas y que ahora somos el 20% de los docentes cuando las directivas europeas no permiten más de 8%. , dígales que se nos considera como trabajadores temporales y algunos llevamos más de diez años en esta situación, y dígales que nos va a eliminar dando nuestros puestos a jóvenes opositores de otras comunidades.

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