Cartas de interin@s
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El colectivo de profesores interinos reclama su derecho a la dignidad
Paco Silvera

 

Las generalizaciones siempre son banales; pueden ser operativas para llegar a algún fin concreto, pero utilizadas por sistema acarrean situaciones de falta de respeto e incapacidad para valorar la posición del otro (intolerancia).

El colectivo de profesores interinos respeta el derecho de libre acceso a la Función Pública de cuantas generaciones acabaren sus carreras universitarias; respeta la necesidad vital de un Concurso de Traslados que pueda facilitar la cohesión vital y familiar de los funcionarios y su entorno, y reclama el derecho a situar su problemática en el contexto de interpretación adecuado:

1. Es la Administración quien ha creado este conflicto, haciendo primar intereses económicos y organizativos sobre los educativos y laborales.

2. No haber aprobado unas oposiciones no equivale a vida laxa, haraganería, falta de formación o aprovechamiento desleal del sistema. Los interinos no dudan jamás del mérito y esfuerzo de quienes aprobaron y exigen, desde el mismo punto común de partida, que se les respete el trabajo desarrollado simultáneamente al oficio de dar clase, evitando entrar en casuísticas que sólo provocan faltas mutuas de respeto en detrimento de la convivencia deseable en el seno de la Comunidad Educativa.

3. El "contrato laboral", desde los movimientos progresistas del siglo XVIII, no es mera compra-venta de un tiempo de nuestra vida. Hay un componente ético que ha sido objeto de negociación -con coste de vidas- durante los últimos doscientos años. La Administración nos pagó nuestra "voluntaria" elección de oficio, sin embargo: es un derecho humano y constitucional negociar las condiciones de trabajo a fin de evitar el imperio absoluto del capital contratante. El Trabajo es el único patrimonio de la mayor parte de la población, todo camino hacia la Igualdad, Fraternidad y, por tanto, posible Libertad ha pasado por una progresiva consecución de nuevos derechos y ventajas que antes sólo disfrutaban las clases nobles. No caigamos los trabajadores en la demagogia liberal de culpar a los miserables de su situación; esto lo impedimos admitiendo la Dignidad intrínseca y absoluta que existe en pelear por un puesto de trabajo e imponer, según las circunstancias, determinadas condiciones.

Situando el problema en sus justos términos y solucionándolo (todo cambio es traumático) deberíamos todos pelear juntos para que esta situación jamás volviera a repetirse, y que cada palo aguante su vela ideológica.

Por ello pedimos solidaridad y comprensión para quienes tantas mañanas comparten un café, una conversación, los problemas cotidianos, una comida, la firma de las actas y, fundamentalmente, EL OFICIO.

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